Era de esperar. Esperar, de lo que pecaste tú. De no escoger el momento adecuado de los muchos que se te disponen, de perder el tiempo jugando siempre al mismo juego. Un juego en el que le llega el turno a todos, y tú te dedicas a mirar, con una absurda y falsa sonrisa observando como pierdes sin ni siquiera participar ; pasando largas noches esperando el momento perfecto para entrar en la partida. Momento que no llega, y por tanto he aquí sus consecuencias.
Hemos perdido. Y lo sabemos. No tenemos nada que hacer, ahora sólo queda esperar a recuperar lo que disimuladamente por tu parte tanto daño te hizo.
¿Humillante? ¿Inútil? Sólo nos queda buscar ser felices. Unos ya lo han encontrado.



No hay comentarios:
Publicar un comentario