Aquí estamos hoy, queda poco para el término de un día sumamente gris. Las calles vacías, cansancio acumulado de la primera semana del colegio, y aquí estás, agotando las penas dejándote las huellas dactilares en un ordenador ajeno. Sí, la verdad es que un día tranqui de apalanque, ordenador y cena casera ante este pueblo desierto es un buen remedio contra el aburrimiento y sirve para poner en orden tus pensamientos.
"Y ahí estaba el joven Robert Murray, despierto tras una interminable noche de quebraderos de cabeza. Empezaba su primer día en la comisaría de Ericsson Place, en Nueva York. Se sentía nervioso; sus dedos ahora bailaban sobre los bordes de su taza de café al ritmo de ese tal Michael Jackson, que ahora sonaba mucho - Tiene futuro, llegará lejos- masculló Robert entre dientes a la misma vez que daba el último sorbo a ese café amargo de sobre al que, por desgracia, se había incluso aficionado.
Se dispuso a vestirse : se calzó su ya ajada americana negra, nudo windsor para su corbata , que descansaba sobre su bonita camisa granate; comprobó inconscientemente sus credenciales, y salió de su piso en el Bronx. Un olor familiar le embaucó a la misma vez que sacaba de su bolsillo una cajetilla de Marlboro. Al llevárselo a la boca ,caminó unos 10 metros para llegar a la boca de metro más próxima a su hogar. Antes de acceder a ella, tomó un rápido vistazo a su alrededor : graffitis, baloncesto callejero y puestos de perritos calientes. -Esto es la calle. - Anunció antes de finalmente encender su cigarrillo y adentrarse en el subterráneo."
30 de Diciembre de 1982, New York City. Manuel Cánovas A.



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